Covid-19. Contagios. Casos confirmados. Muertes. México… Estos días han sido difíciles para todo el mundo, y yo no soy la excepción.
Cada quien afronta la contingencia a su manera. Unos trabajando, otros más leyendo, unos más aprendiendo algo. En mi caso: encerrándome en mí. Y vaya que ha sido difícil, tomando en cuenta que mi trabajo es estar leyendo (y reconstruyendo) noticias sobre esta emergencia todo el día (y cuando digo «todo el día», lo es. Ya que yo acostumbro a estar siempre informado de lo que está pasando y no solo en horario laboral).
Me siento triste. Impotente. Y no por el Covid-19 (bueno, un poco si tiene que ver), sino por la falta de compromiso de los compañeros de la agencia para la que trabajo, ya que no hacen nada. Y eso me causa malestar, y no solo por ellos, sino por el líder del proyecto que no se toma unos minutos para ver qué se está haciendo…
Mientras escribo esto me repito: «Si a ellos no les interesa, ¿Por qué a mí sí?«. Luego recuerdo, no soy como ellos y hago mi mayor esfuerzo. Pero tampoco voy a estar dando todo para nada. No me voy a estar cansando en un proyecto, que si bien creo en él, no me está satisfaciendo. Al contrario, me está acabando.
Le estoy dando tiempo que también puedo darle a otros asuntos, tal y como hacen mis compañeros. Ellos, no sé que estén pasando. Al menos, yo tengo la certeza, que aunque presenté síntomas de Covid-19, por lo cual me autoaislé, no dejé de trabajar. No dejé mis responsabilidades. Y vaya que los ataques y dolores que me daban sí se sentían feo.
Ante esta situación dejé de lado este blog. Prioricé mi trabajo «oficial» y no lo que a mí me gusta. Dejé de escribir para mí y empecé actuar automáticamente. Dejé de ser feliz, por solo cumplir. Y vaya que me equivoqué… Por ello, he decidido regresar a escribir sobre este proceso, en el que también claudiqué: Empecé a comer demás, y dejé la actividad física.
Pero si bien, esta pandemia ha mostrado su lado más oscuro, también nos ha mostrado que somos capaces de levantarnos y seguir adelante. Sonreír y decirle al miedo hasta aquí.
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Nota: Escribo esto mientras pienso en mi amiga Dianita, a quien le digo que espero que la fortuna pronto nos sonría y el destino nos ponga en una playa celebrando su cumpleaños. ¡Eres una chingona, amiga!